Tania Ruzs

La vida y la muerte es un ciclo que se repite y en el que jugamos eligiendo experimentar lo que experimentamos para intentar expresar nuestro auténtico ser.

Somos seres divinos. Nuestro ser es Dios, luz, armonía, plenitud, amor, lo absoluto. Pero decidimos experimentar todas las posibilidades que nos da este planeta en una vida carnal. Libres de jugar y representar el papel que elijamos para descubrir nuevos horizontes y al final volver al origen.

Mañana volveremos a salir a experimentar con el propósito de conseguir encarnar nuestro verdadero ser en este planeta. Tal vez cambiemos los roles anteriores para integrar el punto de vista que ayer no fuimos capaces de comprender. Disfrutaremos más plenamente de nuestra elección de vida, focalizando el poder de materialización que tenemos para nuestro mayor bien, acercándonos a nuestro ser auténtico. Así, elevamos la conciencia en el campo de juegos en el que las almas nos reencontramos con el propósito común de ayudarnos a evolucionar, saliendo de la ilusión que nos separa de Dios.

Somos creadores inconscientes de nuestro poder y esa es nuestra mayor trampa, pues creamos el miedo y olvidamos que tenemos la misma capacidad para deshacerlo dejando de creer en él.

Nacemos con las cualidades necesarias para transcender nuestros bloqueos. Las emociones son un vehículo para ir liberando y gestionando los inconvenientes del camino, aunque a veces quedan enclaustradas por no saber usarlas. Los niños y los animales las usan libremente sin juicio, hasta que los adultos los corregimos por la educación que a la vez otros nos han inculcado, limitando nuestra expresión natural. Así es como las emociones no gestionadas se convierten en nuestras sombras acompañantes. El miedo a salir de la norma nos cohíbe y nos convierte en presos de una elección de vida que nos va matando poco a poco, impidiéndonos ser auténticos.

Emociones como la rabia, la tristeza o el miedo esperan su momento de ser escuchadas. El arte nos permite crear y transformar lo incomprensible en belleza. Cantar, bailar, expresar y liberar lo acumulado permitiéndonos abrir los ojos al drama al que nos aferramos inconscientes.

Es posible parar, respirar profundo y volver a nuestra escucha interior, pues no estamos solos aunque huyamos de nosotros mismos. Nuestros guías están susurrándonos el camino y la elección correcta, Solo hemos de recordar que nos escuchan. Si les preguntamos, se nos dará la respuesta, pues usan muchas voces. Siempre encuentran la forma de hacérnosla llegar: tal vez a través de una música, un eslogan o una señal que parecerá creada para nosotros, pues así es. El universo es creativo en sus respuestas y el arte es el lenguaje de Dios.

Acceder a nuestra esencia nos ayuda a atravesar las profundidades de lo que llamamos sombras. Nos asustan porque no recordamos haberlas creado, las sentimos desconocidas para nosotros, pero siempre estuvieron ahí. Lo único que buscan es ser reconocidas y liberadas. Son esas memorias que olvidaron su luz.

Heredadas de la humanidad, pasando de generación en generación,hasta que uno de sus miembros, tenga más reciente el recuerdo de su ser divino y rompa las cadenas ilusorias que nos impiden ver nuestra grandeza, dejando florecer esas semillas de luz que todos llevamos dentro.

Estamos muriendo constantemente y cada muerte nos abre un portal a algo nuevo y desconocido, pero sin duda mejor. Morimos al tener hijos, pues ya no somos los mismos, nuestras células mueren para ser renovadas, mudamos la piel y muere nuestro viejo yo, dejamos relaciones para atraer a otras más afines, pues a veces las evoluciones son distintas y de no hacerlo, es nuestro ser al que permitimos morir por apego.

Los duelos son necesarios para poder avanzar, aceptar las pérdidas y el cambio. E proceso de muerte es inevitable para renacer y transcender a lo que realmente somos. Cuando algo comienza a morir es necesario para renacer a un nuevo porvenir. Para encarnar una mejor versión de nosotros mismos.

La muerte es la dama que toma las decisiones que estábamos postergando. El duelo es el espacio que nos damos para encajar esta despedida. Si recordamos el plan original de nuestra alma, esa muerte era sabida por el ser desde el principio. Las pérdidas de los seres amados también estaban pactadas, sin desaparecer, olvidamos que vuelven a casa. Pronto volverán para echar otra partida en lo que llamamos vida. Mientras tanto, no olvidemos que seguimos jugando hasta que de nuevo volvamos a nuestro verdadero hogar, la eternidad.